La enfermedad de mi abuelo

(Originalmente escrito el 28 de abril de 2011) Mi papá es el primer hijo de trece, tres mujeres y diez hombres. Su naturaleza como primogénito dentro de una familia tan grande quizá le haya permitido tener mayor atención por parte de sus padres, sin embargo, él no se cansa de negarlo.  Pero independientemente de eso, al escuchar a sus hermanos, es evidente que ninguno se sintió lo suficientemente atendido. Simplemente no se podía, aun así, mi abuelo pudo darles educación y comida a todos.

Ahora bien, hace poco tiempo le pregunté a mi abuelo que cual había sido la clave de su éxito como empresario, su respuesta fue que cuando tienes trece bocas que alimentar, ese es suficientemente buen incentivo para levantarte todos los días y buscar ser lo más creativo para poder llegar a casa con algo. Una respuesta honesta de alguien que trabajó toda su vida y que los únicos lujos que se permitió fue viajar y comer.

¿Cuántos de sus hijos han sido exitosos como él? Ninguno, incluso la mayoría de ellos tiene problemas para mantener a sus hijos,  y no por eso dejo reconocerles que, en estos tiempos, eso es una tarea muy complicada.

Pero más allá de esto que les he narrado hasta ahora, en septiembre de 2010 ,mi abuelo sufrió un infarto cerebral que le afectó prácticamente todo el hemisferio izquierdo. De ser uno de los hombres más independientes e inteligentes que he conocido,  perdió hasta el control de su vida; incluso si se quisiera quitar la vida, no podría hacerlo. Por lo tanto, sus hijos que nunca sintieron el afecto necesario como para procurarlo, se vieron obligados a atenderlo.  Esto ha hecho que se vea la verdadera cara de cada quien. Para algunos el principal motivador es poder ver qué le pueden sacar, otros buscan curar sus culpas, y un segmento muy reducido, quiere estar ahí por él o para mi abuela.

Independientemente de lo anterior,  lo que ha sido más interesante no es ver la ropa sucia de mi familia, sino poder ver cómo se ha transformado mi papá de ser una persona en negación a estar presente en todo el proceso.  Incluso su personalidad le permite seguir luchando por hacer reaccionar a un individuo que naturalmente se encuentra derrotado.

En lo que va del año, mi abuelo no ha pronunciado ni 30 palabras, su semblante es poco amable y constantemente cierra los ojos cuando alguien se dirige a él. Sin embargo, hace un esfuerzo sobrehumano por interactuar, aunque sea de forma mínima, con sus nietos. En varias ocasiones me ha regalado alguna palabra o incluso una caricia.

A fin de cuentas, creo que lo que más deseo para él es que deje de sufrir, pero estoy consciente de que al final este es un proceso que mi abuela tiene, desgraciadamente él será una víctima secundaria de ello.


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