¿Cuál realidad?

Desde tiempos memorables existen debates que, por la naturaleza de los mismos, jamás serán resueltos, entre ellos: “el sentido de la vida”, “la naturaleza humana” o  “la realidad”.  Y es precisamente en este último concepto en el que me centraré.

Dicho lo anterior, algunas corrientes filosóficas como el Realismo sostienen que “la realidad” existe independientemente de nuestra percepción. La Fenomenología, por su parte, explora el tema desde la experiencia subjetiva, es decir,  sostiene que “la realidad” no puede separarse de la manera en cómo la percibimos. En contraposición,  el Materialismo afirma que la “realidad” es puramente física y que todo lo que existe puede explicarse en términos de materia y energía.

Podría seguir mencionando posturas, sin embargo, desde mi punto de vista, la perspectiva dominante en la actualidad, es la psicológica, en la cual se sostiene que “la realidad” es una construcción que depende tanto de factores objetivos como subjetivos. En este sentido, se entiende como “realidad objetiva” a aquella que existe independientemente de nuestra percepción, es decir, que se puede medir y observar de forma objetiva, y es compartida por todos los individuos. Por otro lado,  la “realidad subjetiva” es la que cada persona experimenta de manera individual y está influenciada por emociones, creencias y experiencias personales, lo que significa que puede variar de una persona a otra.

Ahora bien, desde una perspectiva más amplia, la psicología también considera que la realidad está moldeada por factores culturales y sociales. Las normas y valores de una sociedad influyen en cómo las personas interpretan los eventos y experiencias, lo que refuerza la idea de que la realidad no es completamente objetiva, sino negociada y construida en interacción con los demás.

Por último, Jorge Volpi, en La invención de todas las cosas señala de forma muy elocuente: “como nuestro cerebro no evolucionó para conservar intacto el pasado y como cada vez que retomamos un recuerdo lo modificamos en el proceso, nuestras personalidades no quedan fijas en piedra, sino en plastilina ¿Quién soy a fin de cuentas si no puedo confiar en mi memoria? ¿Cómo presumir un yo coherente cuando solo superpongo imágenes adulteradas de mí mismo?” y continúa: “cuanto nos rodea es producto de nuestra imaginación: el mundo entero, este lugar por donde nos desplazamos tan cómodamente, no es sino un conjunto de ficciones engarzadas. Nuestras relaciones familiares, laborales y amorosas, el orden que nos gobierna, las formas que hemos encontrado para aprender, divertirnos y entretenernos, lo que somos y cuanto nos rodea ha sido levantado con las herramientas de la ficción. Somos ficciones que nos relacionamos con otras ficciones e incluso nos enamoramos de ellas. Habitamos, trabajamos y nos movemos en espacios ficcionales. Anhelamos y soñamos con ficciones. Luchamos y a veces damos la vida por ficciones. Se nos va el tiempo admirando ficciones y nos angustiamos o nos llenamos de esperanza o de alegría a cauda de ficciones. Y lo más probable es que expiremos sin apenas darnos cuenta de lo que somos”

Por todo lo anterior, siempre valer la pena preguntarnos ¿de qué realidad estamos hablando?


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